Inflación en Argentina

Pocas sociedades conocen la inflación tan de cerca como la argentina. Con décadas de tasas de dos y tres dígitos, dos hiperinflaciones y una cultura financiera moldeada por la desconfianza en el peso, Argentina es el gran caso de estudio de la inflación crónica.

Cómo se mide

El INDEC publica mensualmente el IPC nacional, con desagregación por regiones y por categorías (estacionales, regulados y núcleo, la versión local de la inflación subyacente). El índice fue reconstruido a partir de 2016, tras el periodo 2007-2015 en que la intervención del organismo restó credibilidad a las estadísticas oficiales y popularizó los índices alternativos ("IPC Congreso", mediciones provinciales y privadas).

Un siglo de inflación en cuatro actos

La inflación crónica (1945–1989). Desde mediados del siglo XX, Argentina convivió con inflación alta persistente, alimentada por déficits fiscales financiados con emisión, puja distributiva entre sectores y devaluaciones recurrentes. Los planes de estabilización se sucedieron —y fracasaron— uno tras otro.

La hiperinflación (1989–1990). El colapso llegó con precios subiendo cerca del 200 % en un solo mes a mediados de 1989, saqueos y la salida anticipada del gobierno de Alfonsín. Es uno de los episodios canónicos de hiperinflación moderna.

La convertibilidad (1991–2001). La respuesta fue extrema: un peso atado por ley al dólar, uno a uno. La inflación desapareció casi de inmediato y Argentina vivió una década de estabilidad de precios que terminó en 2001 con el colapso del régimen, el "corralito" y una devaluación traumática.

El retorno de la inflación (2007–presente). Desde mediados de los 2000 la inflación volvió a instalarse en los dos dígitos y fue escalando hasta superar el 200 % anual en 2023-2024, entre las más altas del mundo. Los intentos de contención —controles de precios, anclas cambiarias, acuerdos voluntarios— convivieron con déficits persistentes y emisión monetaria, hasta el giro de política económica iniciado a finales de 2023, centrado en el ajuste fiscal como ancla.

La cultura económica de la inflación

Décadas de inflación dejaron hábitos únicos: el ahorro se piensa en dólares ("el colchón" o la caja de seguridad), los precios de referencia de inmuebles se fijan en divisa, las compras grandes se adelantan y las cuotas sin interés son una institución nacional, porque financiarse en pesos con inflación alta es, en términos reales, un descuento. La memoria de la hiperinflación y del corralito explica una desconfianza en la moneda local que ningún plan de estabilización ha conseguido borrar del todo.

Por qué es tan difícil de curar

La inflación argentina es el caso de manual de inflación inercial: contratos, alquileres, salarios y expectativas se ajustan mirando la inflación pasada, que así se proyecta hacia adelante. Romper esa inercia exige un ancla creíble —fiscal, monetaria o cambiaria— sostenida en el tiempo, algo que la inestabilidad política ha hecho históricamente difícil. El mecanismo general está explicado en expectativas de inflación.

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