Inflación y pensiones

Una pensión es una renta que se cobra durante veinte o treinta años. En ese plazo, incluso una inflación moderada puede recortar su poder de compra en un tercio. Por eso la clave no es la cuantía inicial, sino el mecanismo por el que se revaloriza cada año.

Por qué el pensionista es especialmente vulnerable

Un trabajador en activo tiene, al menos en teoría, una defensa: negociar. Un pensionista no. Su renta depende de una fórmula fijada por ley o por contrato, y su horizonte es largo, que es justo donde la inflación hace más daño por acumulación.

El efecto de veinte años

Inflación anualPoder de compra tras 10 añosTras 20 años
2 %82 %67 %
3 %74 %55 %
5 %61 %38 %

Es el valor real de una pensión que no se revaloriza. Con una inflación del 3 %, dos décadas se llevan casi la mitad. Calcula tu caso con la calculadora de inflación.

Hay un factor adicional: la cesta de consumo de un hogar de mayores no es la media. Pesa más el gasto en salud, en suministros del hogar y en cuidados, y menos el transporte, la educación o la tecnología. Cuando los servicios sanitarios y la energía suben por encima del índice general, la inflación efectiva de un pensionista es superior a la que publica el IPC general. Algunos institutos de estadística publican índices por tipo de hogar precisamente para medir esa brecha.

Los tres sistemas de revalorización

Otros países han usado variantes: indexación mixta a precios y salarios, revalorización con un tope máximo, o —en Chile— la denominación de las pensiones en unidades de fomento, una unidad de cuenta que se ajusta a diario con la inflación, de modo que la indexación es automática y no requiere decisión política alguna.

El detalle técnico que más importa: qué IPC se usa

Dos sistemas que dicen "indexar al IPC" pueden dar resultados muy distintos según el dato elegido:

El dilema de fondo

Indexar pensiones protege a quien las cobra y traslada el riesgo de inflación al conjunto de los contribuyentes. No indexarlas hace lo contrario. En sistemas de reparto, donde las cotizaciones de los trabajadores actuales financian las pensiones actuales, la sostenibilidad de la indexación depende de que la masa salarial crezca al menos tanto como los precios. Si la inflación viene de un choque externo que empobrece al país, esa condición no se cumple: los salarios reales caen y mantener el poder adquisitivo de las pensiones implica que el ajuste lo soporta íntegramente la población activa. Es el mismo reparto de una pérdida real que aparece en la puja distributiva, trasladado al terreno intergeneracional.

Qué puede hacer un ahorrador

La pensión pública se rige por normas que uno no controla; el ahorro complementario, sí. Tres criterios generales: valorar si la renta contratada está indexada o es nominal fija —la diferencia a veinte años es enorme—, mantener en el largo plazo una parte del patrimonio en activos reales que acompañen a la inflación, y hacer las proyecciones de jubilación siempre en términos reales, no en euros de hoy. Las alternativas concretas están en inflación y ahorro y en cómo proteger tu dinero.

Este contenido es educativo y no constituye asesoramiento financiero.

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