Inflación en la Unión Europea

La Unión Europea mide la inflación con un índice armonizado, el IPCA, precisamente para poder comparar países que calculan su IPC nacional con métodos distintos. Sobre esa cifra el BCE fija un único tipo de interés para veinte economías con ciclos que no siempre coinciden: el gran reto de la política monetaria europea.

Qué es el IPCA y en qué se diferencia del IPC nacional

El IPCA (índice de precios de consumo armonizado; HICP en sus siglas inglesas) lo coordina Eurostat y lo calculan los institutos estadísticos nacionales siguiendo un reglamento común: mismas definiciones, misma clasificación del gasto, mismos criterios de tratamiento de rebajas y de cambios de calidad. Es la medida oficial de inflación de la UE y la que utiliza el BCE para su objetivo.

Cada país mantiene además su IPC nacional, y las cifras no coinciden exactamente. Las dos diferencias más relevantes son:

El agregado de la zona euro se obtiene ponderando cada país por su peso en el consumo total. Eurostat publica también un IPCA subyacente que excluye energía, alimentos, alcohol y tabaco, la referencia europea de inflación subyacente.

El BCE y el objetivo del 2 %

El Tratado asigna al BCE un objetivo primario inequívoco: la estabilidad de precios. La revisión estratégica de 2021 lo concretó como una inflación del 2 % simétrica a medio plazo, medida por el IPCA de la zona euro. "Simétrica" significa que quedarse por debajo es tan indeseable como superarlo —una precisión relevante tras una década de inflación persistentemente baja—, y "a medio plazo" reconoce que la política monetaria actúa con retardos de uno a dos años, como se explica en política monetaria.

Las decisiones las adopta el Consejo de Gobierno, formado por los miembros del Comité Ejecutivo y los gobernadores de los bancos centrales nacionales de la zona euro. Este conjunto —BCE más bancos centrales nacionales— constituye el Eurosistema y es quien ejecuta la política monetaria única.

Una política, veinte economías

El BCE fija un tipo de interés para el conjunto de la zona euro, pero la inflación de sus miembros puede diferir en varios puntos porcentuales. Un mismo tipo nominal significa cosas muy distintas según el país: donde la inflación es alta, el tipo real es bajo y la política resulta expansiva; donde la inflación es baja, el tipo real es alto y la política resulta restrictiva. Es decir, la política monetaria única es más laxa justo en los países que más la necesitarían apretada, y viceversa.

Ese mecanismo perverso operó con claridad en la primera década del euro: países con inflación superior a la media, como España o Irlanda, tuvieron tipos reales muy bajos o negativos que alimentaron un auge del crédito y de la construcción. La corrección posterior tuvo que hacerse mediante devaluación interna —contención de salarios y precios— porque, sin moneda propia, el ajuste del tipo de cambio ya no estaba disponible. Es el argumento central del debate sobre las áreas monetarias óptimas.

Por qué difieren las inflaciones nacionales

Con moneda común y mercado único, las diferencias persisten por razones estructurales:

Dentro de la UE pero fuera del euro

No toda la Unión comparte moneda. Los países de la UE que conservan su divisa —Polonia, Hungría, Suecia, Chequia, Rumanía, entre otros— tienen su propio banco central, su propio objetivo de inflación y su propio tipo de cambio, aunque sus economías estén profundamente integradas con la zona euro. Todos calculan y publican su IPCA, de modo que las comparaciones siguen siendo homogéneas aun cuando sus políticas monetarias sean independientes.

Para el detalle de cada economía, consulta la inflación en España, y para la comparación con la otra gran área monetaria del mundo, la inflación en Estados Unidos.

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