Tipos de interés e inflación

El tipo de interés es el precio del dinero en el tiempo, y la inflación es lo que ese dinero pierde de valor mientras pasa el tiempo. De la diferencia entre ambos —el tipo real— depende quién gana y quién pierde en cada préstamo, cada depósito y cada bono.

Tipo nominal y tipo real

El tipo nominal es el que aparece en el contrato: el 3 % que rinde un depósito o el 4 % que cobra una hipoteca. El tipo real es lo que queda después de descontar la inflación, y es el único que dice algo sobre el poder de compra.

La aproximación habitual, conocida como ecuación de Fisher, es sencilla:

La cuenta que importa

Tipo real ≈ tipo nominal − inflación

Un depósito al 3 % con una inflación del 5 % da un tipo real de −2 %: al cabo de un año tienes más euros, pero compran menos cosas. Un préstamo al 4 % con inflación del 6 % te sale, en términos reales, a −2 %: el banco te está pagando por tomar prestado.

La fórmula exacta es (1 + nominal) ÷ (1 + inflación) − 1. La resta simple basta con cifras bajas; con inflación de dos dígitos, conviene usar la exacta.

Se distingue además entre tipo real ex ante —calculado con la inflación que se espera, que es la que usan los agentes al decidir— y ex post, calculado con la inflación que finalmente hubo. Solo el segundo es un hecho; el primero depende de las expectativas de inflación, y las sorpresas entre uno y otro son las que redistribuyen renta entre acreedores y deudores.

Por qué las subidas de tipos frenan los precios

Cuando un banco central sube su tipo oficial, encarece el crédito en toda la economía. El efecto llega por varias vías a la vez, detalladas en política monetaria: se aplazan inversiones empresariales, se retrasan compras financiadas (vivienda, coche), aumenta el atractivo de ahorrar frente a gastar y, en las hipotecas variables, sube la cuota y reduce la renta disponible del hogar.

Todo eso enfría la demanda. Con menos demanda, a las empresas les cuesta más subir precios sin perder clientes, y la inflación cede. El mecanismo funciona, pero es indiscriminado: no distingue entre el gasto que presiona los precios y el que no. Por eso se dice que la política monetaria es un instrumento contundente, no un bisturí: para bajar la inflación tiene que enfriar la economía, y ahí está el coste en empleo del que habla la curva de Phillips.

Quién gana y quién pierde

SituaciónInflación por encima de lo esperadoSubida de tipos
Deudor a tipo fijoGana: su deuda vale menos en términos realesNeutro: su cuota no cambia
Deudor a tipo variableGana por un lado……y pierde por otro: su cuota sube
Ahorrador en cuenta corrientePierde poder adquisitivoNeutro si el banco no remunera
Tenedor de bonos ya compradosPierde: cobra cupones fijos devaluadosPierde: el precio de mercado del bono cae
Nuevo inversor en renta fijaGana: entra a rentabilidades más altas

La regla general: la inflación inesperada transfiere riqueza de acreedores a deudores, porque las deudas se pactan en términos nominales. Si la inflación estaba anticipada, ya venía incorporada en el tipo nominal y no hay transferencia. Es una de las consecuencias redistributivas de la inflación menos visibles y más potentes.

Del tipo oficial a tu contrato

El tipo que decide un banco central no es el que paga un hogar. Entre ambos hay una cadena: el tipo oficial fija el coste de la liquidez a un día; el mercado interbancario lo traslada a plazos más largos (en la zona euro, el euríbor es la referencia habitual de las hipotecas variables); y sobre esa referencia cada entidad añade su diferencial, que depende del riesgo del cliente, del plazo y de la competencia entre bancos. Por eso las subidas de tipos llegan antes a las hipotecas variables que a la remuneración de los depósitos: la traslación no es simétrica ni inmediata. El efecto práctico sobre una hipoteca está desarrollado en inflación e hipotecas.

Tipos reales negativos y el límite inferior

Durante buena parte de la década de 2010, y de nuevo durante el repunte inflacionista de los años 2020, los tipos reales fueron negativos en gran parte de Europa: el ahorro conservador perdía poder adquisitivo aunque el tipo nominal fuera positivo. Es una situación que penaliza al ahorrador prudente y favorece al endeudado, y que empuja a buscar rentabilidad asumiendo más riesgo. Cómo afrontarla se trata en inflación y ahorro.

En el extremo contrario está el límite inferior efectivo: un banco central no puede bajar mucho los tipos nominales por debajo de cero, porque siempre existe la opción de guardar efectivo. Con inflación muy baja, eso deja el tipo real atrapado en un nivel demasiado alto para estimular la economía. Es la trampa que explica por qué el objetivo de inflación no es cero, sino 2 %, y por qué la deflación preocupa tanto a los bancos centrales.

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